Kawasaki GPZ GPZ 500 S
La Kawasaki GPZ GPZ 500 S es lo que los especialistas llaman
una moto polivalente que cuenta, entre sus variadas características,
la de contar con un muy bajo mantenimiento y haber sido pensada
por su costado deportivo. Este modelo de Kawasaki tiene un
propulsor que es un motor del tipo bicilíndrico de
cuatro tiempos y suele ser destacada por la mezcla de despliegue
de fuerza y rapidez de la que es poseedora. Generalmente,
suele ser muy buscada en el mercado de segunda mano, además
de por fanáticos del tuning, para ser empleada como
moto-escuela, o sea, para enseñar a conducir sobre
ella.
La Kawasaki GPZ GPZ 500 S surgió técnicamente
y comercialmente en 1987 y pese a que hoy en día
la fábrica japonesa sigue construyendo modelos de
su tipo, en muchos países europeos (tal es el caso
de España) ya se encuentra fuera de catálogo.
Aquel primer diseño de esta Kawasaki (el de 1987)
sufrió varios cambios en su técnica y estructura
en 1994 y,, posteriormente, no volvió a cambiarse
ninguno de sus elementos. El mayor cambio introducido en
1994 tuvo que ver con su modelo de llantas que pasaron a
ser de 17 pulgadas (cambio que dejó atrás
las llantas de 16 pulgadas originales). Otro cambio, no
menos importante, tiene que ver con su sistema de frenos.
En 1994 se dejó de lado el freno de tambor trasero
y, en su lugar, los fabricantes dotaron a la Kawasaki GPZ
GPZ 500 S con un disco de 230 milímetros.
Los especialistas recomiendan cambiar el aceite del motor
cada vez que se realicen sobre ella diez mil kilómetros
y los mismo técnicos recomiendan que debe emplearse
aceite mineral, específicamente el conocido como
SAE 10W40. Es fundamental para el correcto funcionamiento
de la Kawasaki GPZ GPZ 500 S que, una vez realizados dos
cambios de aceite, también se sustituyan los filtros
de aire y de aceite.
Los técnicos recomiendan también que los frenos
de la Kawasaki GPZ GPZ 500 S se cambien de acuerdo al uso
(deportivo, paseo, competencia, etc) que se le de a cada
unidad. A modo de ejemplo, unas pastillas de freno Galfer
del tipo de “dureza media” duran alrededor de
diez mil kilómetros. Unas pastillas del mismo tipo
– pero de las que comúnmente se conocen como
“duras” – pueden llegar a duran unos quince
mil kilómetros.
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